CONTRASTES

¿Quién mide lo justo y lo injusto?; ¿quién juzga lo correcto y lo incorrecto?; ¿lo empírico y lo científico?; ¿la honestidad?; ¿la degeneración?; ¿la inocencia?; ¿la culpabilidad?... Yo no me atrevo, pero me gusta leer, escribir, escuchar, exponer... debatir acerca de los contrastes, cualquiera de ellos. Cada palabra tiene su antónimo, su Némesis. Cada palabra tiene el mismo número de sínónimos, que de antónimos. Incluso, parece ser que la materia también tiene su antimateria. Con los conceptos, los pensamientos, las ideologías, los sentimientos... incluso con los sentidos y las sensaciones que producen, ocurre tres cuartas partes de lo mismo.
Cada persona es un universo. Una ideología, un pensamiento, una experiencia, unas circunstancias, una educación, unos sentimientos, unos valores. Lo que para uno es bueno, para otro no lo es tanto. Soso y salado, dulce y amargo, la ensalada.. ¿aceitada o avinagrada?; la tortilla... ¿con cebolla o sin ella?... Para gustos los colores.
Pues yo también!! Yo también he ido coleccionando todos esos atributos que son los que nos hacen ver las cosas desde un determinado prisma. Y no solamente "verlas", sino también sentirlas, asimilarlas y afrontarlas. Pero soy de esos a los que les gusta cambiar de gafas para, precisamente, enriquecerme con otros puntos de vista. Lo que humildemente, entiendo por aprender.
No me considero de "ideas fijas". Mi pensamiento puede ser cambiante a medida que aprendo, y me gusta aprender hasta de mis sobrinos los más pequeños. De quien más aprendo es del diálogo, de la pluralidad, del debate, de la argumentación, y del respeto. De quien menos... bueno... precisamente de sus antónimos: la imposición, la unilateralidad, la cerrazón, la intolerancia, la violencia...
Esta vida ofrece miles de contrastes. Cada palabra, cada concepto, tiene su propio Némesis, su "antipalabra", su "anticoncepto".
Nada es lo mismo.





16 febrero 2011

Algo falla

"Algo ha fallado"
(Alfredo Pérez Rubalcaba)

Esta es la explicación que todo un Vicepresidente Primero del Gobierno, Ministro del Interior y probablemente candidato a las elecciones generales por uno de los dos partidos que nos seguirán gobernando, ha ofrecido tras la muerte de la que hace la víctima mortal nº 11 por violencia de género en 2011.

En 45 días, 11víctimas mortales. Es decir, una víctima mortal cada 4 días y, a falta de datos oficiales de 2010, más de 400.000 mujeres y casi un millón de niños víctimas de la violencia de género en 2009 (últimos datos oficiales).

“Algo ha fallado” porque la que ha hecho la víctima mortal número 11 del año 2011, y la que hace la víctima mortal número 775 desde que empezaron a controlar esta plaga en 1999, resulta que sí había denunciado a su verdugo, sí había orden de alejamiento, incluso había sentencia condenatoria a 2 años de prisión que el asesino (sin “presunto”) eludió, a cambio de asistir a unos cursos de igualdad, que evidentemente debió suspender.

Pues si todo un Ministro del Interior (otros cargos aparte), que es el máximo responsable de la seguridad de los habitantes de este país, esa persona que debería saber más que nadie cómo se garantiza la libertad de quienes habitamos España, solamente es capaz de decir que “algo ha fallado” ante este nuevo crimen… a mi desde luego se me abren las carnes.

Fallan muchas cosas, querido Ministro. Lo primero que falla son las almas de estos innombrables que se creen en posesión de terceras personas. Porque hay que ser muy desalmado para cometer la cantidad de abusos no tipificados y crímenes sí tipificados en los códigos, tanto penales como morales, aquellos que están escritos tanto en los libros de leyes, como en nuestras propias conciencias.

Hay que ser muy desalmado para destrozar a una persona por dentro y por fuera, someterla a una tortura psicológica y física durante años… un día, dos, tres, una semana, dos tres, un mes, dos tres, un año, dos tres, cuatro, cinco… se dice pronto, pero sufrirlo, debe ser otro asunto.

Anulación, menosprecio, insultos, amenazas, agresiones, palizas, violaciones, secuestros… asesinatos. Asesinatos físicos y psicológicos, porque a las víctimas de violencia de género lo que menos les duele son las heridas de la piel, de los músculos, de los huesos y de las vísceras. Lo que más les duele son las heridas del alma. El alma que estos desalmados les roban a ellas. Por eso se las roban, porque carecen de alma.

Y da igual si sus propios hijos lo presencian. Y da igual si los dejan psicológicamente destrozados hasta el resto de sus días. Y da igual si los dejan huérfanos, desamparados, solos… Les da exactamente lo mismo. Ellos van primero, porque son así de hombres, así de machos. La maté porque era mía…

Eso es lo primero que falla, querido Ministro. Los inadaptados. Porque son ellos los que no se adaptan, ellos son quienes infunden terror a sus víctimas. Y eso tiene un nombre: terrorismo.

¿Verdad querido Ministro que usted sabe cómo tratar el terrorismo político? Pues a estos exactamente igual, o con más dureza porque en realidad los terroristas domésticos, cometen muchos más crímenes, y se ceban con víctimas mucho más indefensas que los terroristas políticos. Esto es lo segundo que falla querido Ministro. Que no les tratan con dureza, que no les persiguen, que les dejan libres, impunes, que no les separan de sus víctimas y de una sociedad y una civilización que ni entienden, ni merecen.

¿Dónde está la diferencia entre el terrorista político y el doméstico? Tal vez, una de ellas es que las víctimas de los terroristas políticos sean los propios políticos y miembros de otros poderes fácticos como militares, periodistas, jueces… mientras que las víctimas de los terroristas domésticos son “simples” mujeres y niños de la calle. Esos a los que los políticos nos llaman “ciudadan@s”.

Si han sido capaces de terminar con el terrorismo político, algo que es absolutamente loable, también deberían ser capaces de terminar con este otro terrorismo, mucho más cruel, mucho más sanguinario y sin ninguna duda, mucho más amplio en el literal sentido de la palabra “amplio”.

Porque desde 1999 (año en el que se empezó a controlar esta lacra) hasta la fecha de hoy, la violencia de género ha provocado 775 víctimas mortales, y el terrorismo político 57. Porque a día de hoy, más del 62% de los delitos graves que se cometen en este país, los provoca la violencia de género (porcentaje que sin duda se verá incrementado, cuando nuestro querido Ministro del Interior y demás cargos aparte, tenga a bien hacer público su balance de la evolución de la criminalidad en 2010).

Porque hay en este mismo momento casi un millón y medio de mujeres y niños (conocidos), víctimas de todo esto. Vaya usted a saber hasta donde se verían ampliadas esas cifras, si conociéramos a todas las víctimas reales (aquellas que no denuncian) Y porque sin duda, habrá otro número absolutamente desconocido de hombres que también son víctimas de violencia de género, pero como se han empeñado en que esto de la violencia de género solo tiene una dirección, de momento desconocemos.

Por cierto querido Ministro, esa es otra de las cosas que falla. Porque la igualdad es para todos y todas. Da igual si el malo es hombre o es mujer. Lo único que cambia es la vocal del final.

Cifras que, si trasladáramos a otras cosas más tangibles, sería como comparar al Everest, con el edificio donde yo vivo que tiene 4 alturas.

Hay muchas más cosas que fallan querido Ministro. Y voy a seguir hablando de los inadaptados, aunque el calificativo que realmente merecen probablemente ni exista en el diccionario.

Se empeñan en separar de la sociedad a las víctimas, en lugar de a los verdugos (inadaptados). Es a las víctimas y a sus hijos (víctimas también), a quienes sacan de sus hogares y les esconden en casas de acogidas, con lo puesto, cumpliendo estrictas normas de comportamiento, horario… Enjauladas para evitar más sangre. Mientras el verdugo sigue con todas las comodidades de vivir en su propia casa, con el tiempo, la tranquilidad y la impunidad necesarias, como para seguir persiguiéndolas y aterrorizándolas. Son las víctimas quienes finalmente, cumplen la condena que los verdugos no cumplen.

Es a las víctimas a las que marcan socialmente, las que no pueden acudir a sus puestos de trabajo, y acaban perdiéndolo con mucha frecuencia. Es a las víctimas a las que someten a juicios psicológicos, físicos y en los tribunales.

La vergüenza, la dependencia, el miedo… son motivos por los que muchas mujeres no denuncian. Pero la situación a la que se enfrentan cuando lo hacen, es otro motivo. Seguramente más poderoso, seguramente el definitivo para que no se atrevan a dar el paso. Querido Ministro, también le he oído decir que “hay que lanzar un mensaje de esperanza a las mujeres que se sienten perseguidas, porque el Estado no las va a dejar solas”… Suena bonito, suena como una canción solidaria, suena esperanzador efectivamente, pero… ¿Qué falla querido Ministro? Otra de las cosas que fallan, precisamente es que el Estado las deja solas. Muchas de ellas no denuncian, precisamente porque se quedan solas.

Querido Ministro, cuando una mujer denuncia, se enfrenta a una nueva vida, en la que la soledad es precisamente su única compañera (además de sus hijos, cuya única compañía es a su vez su madre). El Estado las saca de sus casas, las esconde para evitar males mayores, no les da trabajo después de perderlo, les sigue haciendo pagar impuestos, las investiga, las pone en duda y en entredicho, las marca socialmente, sus hijos se quedan sin educación, y hasta sin comer… ¿Le parece poca soledad, querido Ministro?

Pero ustedes les insisten en denunciar, hasta hacerles sentir culpables de su destino en caso de no hacerlo, y se gastan millonadas en absurdas campañas de publicidad que no sirven más que para intentar lavar su propia imagen, para que parezca que hacen algo.

¿Y sabe querido Ministro por qué creo que el estado las deja solas?... me temo que es porque si el Estado realmente las apoyara, todas aquellas que actualmente no denuncian, lo harían sin ninguna duda, y entonces multiplicaríamos por vaya usted a saber qué barbaridad de cifra las víctimas reales de esta plaga, y si con lo que ya tienen están realmente desbordados, no quiero imaginar lo que sería con todo el problema a la vista.

Por eso querido Ministro, de cada 11 víctimas mortales, solamente una denunció a su verdugo. En el fondo, les interesa que no denuncien. Si realmente les interesara que lo hicieran, se lo pondrían todo mucho más fácil. Llevarían a la práctica y a la realidad esas bonitas y esperanzadoras palabras.

Suponiendo que al verdugo le persiguieran con verdadera dureza, les enseñaran de qué manera están dispuestos a castigarles, le separasen de la sociedad y sobre todo de la víctima, suponiendo que realmente no las dejaran solas, protegiendo sus derechos, su libertad, su vida, suponiendo que a las víctimas les facilitaran las cosas, se me ocurren otras muchas en las que trabajar en paralelo. Otras muchas que también fallan, querido Ministro.

Lo primero, tal vez sería hablar con unas cuantas de ellas. Seguro que todas coinciden en darle las soluciones que aparentemente usted no encuentra, pero que mucho me temo, conoce a la perfección (son tan de cajón…). Lo que en términos de marketing, y con perdón por la frivolidad, se llama prueba de producto. Ellas han sufrido el repugnante fenómeno en sus propias carnes, ellas saben mejor que nadie dónde está el problema y dónde las soluciones. Ellas mejor que nadie saben lo que necesitan, y lo que falla. Ese “algo” que parece usted buscar, aunque a mi me suene a camelo.

Y mientras ellas mismas le dan unos cuantos “algos”, no olvide trabajar en otros “algos” que son de base: educación, prevención, concienciación, orientadas todas ellas a la verdadera igualdad. Porque esta plaga mal llamada violencia de género, es un problema de igualdad. De falta de igualdad.

Pero si la primera de las instituciones de este país, la Corona, discrimina a la mujer, si nuestra propia Constitución ampara esa discriminación… ¿de qué igualdad hablamos?

Si los medios de comunicación cometen irresponsabilidades tales como sustituir la emisión de programas informativos (CNN) por otros faranduleros (Gran Hermano), si se consiente la emisión de programas y series en los que la dignidad de la mujer queda por los suelos, y la desigualdad entre géneros es el “claim” (Mujeres Hombres y Viceversa), si prima lo trivial y lo superficial de la “prensa” rosa sobre lo educativo, lo cultural, lo científico, lo divulgativo… ¿de qué educación hablamos?; ¿de qué concienciación hablamos?

Si se siguen emitiendo spots de publicidad en donde cualquiera (incluidos niños y por supuesto adolescentes) podemos ver a tres generaciones de mujeres (abuela, madre y nieta) fregando orgullosas en la cocina, mujeres lavando, planchando, probando suavizantes… ¿qué esperamos de las generaciones futuras?... pues más de lo mismo.

Como verá querido Ministro, fallan tantas cosas, este problema es de tal magnitud, que tal vez produzca pereza ponerse a trabajar. Porque son incapaces.

FDO: Winters / Iñigo Merino

1 comentario:

  1. Genial tu artículo, nos da una visión global de todo lo que "falla" a la hora de combatir la violencia doméstica. Efectivamente son tantas cosas, que las distintas administraciones que SUFRIMOS en este pais y que se supone existen para agilizar y solucionar problemas, son incapaces de cumplir con su cometido. Pero en vez de reconocer los errores para superarlos y mejorar dia a dia, juegan al "PIO ... PIO ... QUE YO NO HE SIDO ..." Mientras tanto, seguimos con la desesperación en el mejor de los casos, en el peor, con las muertes, y sus consecuencias para los niños víctimas de esta terrible situación.

    Aprovecho tu Blog para lanzar una pregunta que me tiene preocupada .... ¿Por qué los medios de comunicación no se aplican en informarnos de las consecuencias que sufren (o deberían sufrir) estos asesinos? (lo de inadaptados me parece muy suave.

    Nos cuentan el antes .... El asesino ha matado... y nos dejan bien claro si su víctima había denunciado o no, pero .... ¿Qué pasa después? ¿Qué castigo conlleva esa acción? ¿Qué vida le espera? ¿Pagará su culpa? ...

    Para mí es imprescindible esa información, sin ella nos "falla" algo más.

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